Un primer escaparate
O la revolución del escritor sin seguidores ni apellido.
Querido periodista*,
Tengo una relación contradictoria con la cultura. Lo pensé al salir de ver Hamnet, cuando las palomitas se me reblandecían en la boca por miedo a masticarlas y hacer ruido mientras la chica de al lado se sorbía los mocos. Quiero sentirme parte de la conversación cultural –he leído Oxígeno y tengo Reliquia en el punto de mira–, pero a la vez quiero despegarme de ella. Lo más revolucionario que se me ha ocurrido es ir a la librería y decir: Quiero un libro chulo, del que nadie hable, de hace tiempo. ¿Qué tienes?
En esta edición de Fleet Street: dónde publican los escritores amateurs, qué hace un coach de talento en el Wall Street Journal, una venta inesperada en los medios españoles, una revista es ahora una especie de Letterboxd? y las claves del informe Reuters sobre el periodismo en 2026.
*Puede que no seas periodista como tal, pero eres igualmente superbién recibido/a <3.
Un primer escaparate
La primera vez que escuché hablar de Sustrato fue en marzo de 2023. Fernando López-Pita me contaba en un mensaje de LinkedIn que estaba montando “un proyecto sobre periodismo y escritura online muy innovador”. Acordamos hablar una semana después, pero la promesa quedó en el aire. No retomamos el contacto hasta hace un par de meses, cuando tomamos un café.
Desde entonces, ese “proyecto innovador” se ha colado en mi feed de Instagram y en las stories de las personas a las que sigo. Son extractos de escritos virales firmados por chicas y chicos de mi generación. Sustrato les sirve de estructura donde publicar, el lugar donde germinan ideas y donde se crea, de a poco, una escena cultural poblada por la clase creativa; es decir, personas que se dedican a la creatividad y que están al tanto del último concierto, la última novedad editorial o la última película indie. Son también los herederos del hipsterismo: buscan codearse con nombres cuyo arroba conocen mejor que el tiempo de cocción de la pasta y escriben desde cafeterías de especialidad.
El punto de encuentro de la escena creativa
Puede que te preguntes por qué Fernando decidió lanzar este proyecto a finales de 2023, en un momento donde la IA y el consumo algorítmico ganaban terreno. El creador sentía que el internet con el que crecimos –aquella blogosfera pre-Facebook que nos sugería qué música escuchar o qué pelis ver– había sufrido un “evento de extinción” similar al de la serie Leftovers. Para él, el panorama mediático era desolador: o pasabas horas en Instagram o te perdías en un Twitter que él mismo confiesa detestar. Frente a eso, Fernando, ingeniero industrial, dejó su empleo en startups para poder dedicarse a su verdadera vocación: las palabras.
Así nació Sustrato, un rincón de escritura que busca recuperar la esencia de los blogs, con cabeceras microespecializadas que responden a la “neura de quien escribe”. La curación de contenidos y la cercanía sirven de reclamo suficiente para que la gente no solo lea las publicaciones de los autores, sino que participe en eventos y “se vaya al offline”.
Una de las funcionalidades que más buscan explotar como medio es la agenda de eventos. El objetivo es recuperar la agenda de papel de toda la vida, pero en la página web de Sustrato: no solo ver eventos recomendados según intereses, sino poder marcar, como en Facebook, tu asistencia –sí, no o quizá– y ser capaz de visualizar quién de tus seguidos, si Bu Arena u otras glorias de internet, irá. Básicamente, alimentar la idea de que existe una escena creativa y de que tú también, como autor o lector, puedes formar parte.
En poco tiempo, Fernando, su socio Juan y su grupo de autores –95 en el momento de la entrevista– han logrado amasar 70.000 visualizaciones de media en la web al mes y el tiempo de lectura medio por artículo es de más de 2 minutos, una cifra altísima dados los estándares actuales. Todo ello logrado de manera orgánica: sin vídeos ni marketing, solo por el “boca a boca”, acelerado por unas redes sociales que sirven como lugar de prescripción cultural.
¿Y los dineros?
He aquí el quid de la cuestión: ¿cómo hace dinero Sustrato?
Sus abonados. Son 203 suscriptores a día de hoy. Las cuotas oscilan entre los 3 y los 8 euros por suscriptor. Quien paga ahora lo hace porque le gusta el modelo, pero Fernando ya está pensando en incluir nuevas funcionalidades, como un foro, el guardado de artículos o la visualización de estadísticas.
La agenda de eventos curados. Sustrato ofrece a instituciones y marcas aparecer en su agenda de eventos curados, para lograr comunicar a un público joven proyectos de relevancia cultural.
¿Y los autores? ¿Cuánto dinero sacan de su trabajo en Sustrato? De todo lo que suma el medio al mes, el 70% va íntegro para ellos. ¿Cómo se hace el reparto? Quien más retiene al lector con el tiempo de lectura, más dinero se lleva. El ejemplo claro:
F: A mí me han leído 100 personas durante 100 segundos y a ti te han leído 1.000 personas durante 10 segundos. Cobramos lo mismo.
M: Y ponte que a alguien no le ha leído nadie, pero ha escrito su artículo. ¿Cuánto cobra ese mes?
F: Cero.
Exposición > Hacerse rico escribiendo
Cuando Fernando me habló por primera vez del modelo de retribución–dinero por tiempo de lectura– me vinieron algunas imágenes a la cabeza: un papelito con las palabras empleado del mes colgado en un corcho imaginario o un listado de trabajadores ordenado basándose en el rendimiento. Me dio pavor imaginar un mundo de freelancers donde, además de combatir con la precariedad, se fomentara la competitividad de esa manera.
En el momento en el que trasladé mis dudas, él me las despejó: Sustrato está desarrollando un cortafuegos tecnológico para medir el tiempo de lectura solo de la comunidad que paga, protegiendo así a los autores de nicho, como alguien que escribe sobre pesca en Galicia, frente a los contenidos virales. Es la manera que tiene Fernando de cubrirse las espaldas para que los autores no acaben participando en una guerra por el engagement.
El creador parte de una hipótesis algo naíf en este contexto de gratuidad: si cada autor logra que apenas diez personas de su entorno –un padre, una mejor amiga, un superfan– paguen una suscripción para el proyecto, el sistema de royalty share permitiría que el autor cobrase por esa pieza más de lo que pagan hoy los grandes diarios nacionales. Es una forma de “echar la bola a rodar” confiando en poder educar al lector. Al final, piensa Fernando, se trata de apoyar lo que te gusta, igual que vas a ver el grupo de música de tus colegas y pagas la entrada.
Hay quien pensará que esta estructura de incentivos puede generar un ambiente hostil, pero para Fernando refuerza la identidad de Sustrato como cantera de talento. Como la Masía del Barça, el proyecto funciona como un lugar donde dar visibilidad a autores que pululan sin un altavoz concreto, y a quienes acaban ofreciéndoles, incluso, contratos editoriales. Por tanto, Sustrato funciona más como un expositor donde darse a conocer –o ahorrar unos cuartos que sufraguen una escapada a Italia– que como empleo en el que ganarse la vida.
¿Y el futuro? “Somos un lugar en construcción”, me dice Fernando. “Eso es muy importante porque no sabemos qué va a pasar con esto, pero sí queremos ser un espacio de encuentro que genere escena, conexión e ideas”. Por lo pronto sé que, recién salida de la carrera, Sustrato habría sido un sitio donde tener algunas visualizaciones de saque y empezar a hacer camino. Quién sabe entonces qué hubiera pasado.
Imagina dedicar tu tiempo a investigar la exclusiva de Julio Iglesias y que se publique cuatro días después de que anuncien tu despido. Esto ha pasado en Univisión. (en español)
¿Qué vale más: el acto de escribir o su teatralización? Un ensayo 10/10. (en inglés)
Ya se han publicado las nuevas claves del informe Reuters para este 2026: esperanza baja, menos tráfico de los buscadores, el anhelo de convertir al periodista en creador y YouTube como plato fuerte. (en español)
Para los amantes del cotilleo mediático estadounidense, aquí una radiografía sobre el aterrizaje de Bari Weiss (ya sabes: antiwoke, proisraelí, fundadora de The Free Press) en CBS News. (en inglés)
El Wall Street Journal ha contratado un coach de talento. Honestamente, yo tampoco entendía qué tipo de funciones desarrollaba un perfil de este tipo hasta que leí la descripción del puesto en LinkedIn: “establecer objetivos en las redes sociales” y “desarrollar guías, plantillas y otros recursos prácticos para apoyar el desarrollo continuo de los periodistas en las redes sociales”. Por todo ello, el beneficiario se embolsaría unos 95.000 dólares. Emily Sundberg ha entendido a la perfección lo que el WSJ busca realmente: un profesional que convierta a sus periodistas en influencers en las redes sociales. ¿No es eso, acaso, aquello a lo que deberían aspirar todos los medios? Que sus periodistas tengan una identidad reconocible, ya sea poniéndose frente a un micrófono o con una prosa única. Por lo pronto, me ENCANTARÍA colarme en la rutina del coach de talento del Wall Street Journal y saber cómo se desarrolla su día entre las 9 y las 5.
Es el fin de una era. Al menos, para el pequeño imperio mediático de Charo Marcos. Me da una pena tremenda escribir esta noticia: Charo Marcos ha vendido Kloshletter, su boletín independiente de noticias con más de 35.000 suscriptores, a Carlos Molina, autor de MultiVersial. Cuando la llamo, percibo ligereza en su voz, hasta cierta vitalidad. Tras ocho años y medio al mando del boletín, necesitaba un cambio y logró esa transformación el 9 de diciembre de 2025: el primer día que no madrugó para mandar el correo. A pesar de que no quiere compartir la cuantía por la que ha vendido la newsletter, reconoce que nunca ha pensado en Kloshletter como un unicornio. Sabe que hubiera sacado unos cuartos más de habérsela ofrecido a un gran grupo, pero también sabe que no la habrían priorizado en su cartera de contenidos. Por eso, consideró que el cobijo de Kloshletter bajo el ala de Carlos Molina era la opción idónea. Le pregunto en qué anda metida y me responde: “En descubrir qué quiero ser de mayor”.
El New York Times quiere ser todo. Lo último en estrenar: un juego de palabras pensado para dos personas.
Pitchfork quiere ser el Letterboxd de la música. La revista estadounidense ha lanzado una suscripción de 5 dólares que permite a los lectores “comentar en reseñas, reseñar álbumes ellos mismos y acceder a su archivo completo”. Ya lo dice Delia Cai: “Si el objetivo es convertir Pitchfork en un Letterboxd de la música, sería interesante. ¿Por qué no dejar que todo el mundo haga cosplay de editor de Pitchfork?”.
A OpenAI ya no le valen nuestros dramas personales y los correos a medio escribir; ahora quiere incorporar anuncios. Eso sí, advierten de que no venderán nuestros datos a los anunciantes, aunque sí utilizarán las temáticas de las conversaciones para afinar la personalización publicitaria. Otra cuestión relevante: lejos de las imágenes y enlaces estáticos, OpenAI quiere innovar. Su idea es que el usuario pueda hacer preguntas a ChatGPT a partir del anuncio que esté viendo, con el objetivo de afinar el tiro en su decisión de compra. La llegada de la publicidad a la interfaz era cuestión de tiempo. La empresa de Sam Altman ha levantado 64 mil millones de dólares en inversión, pero el año pasado solo consiguió convertir una fracción de esa cifra en ingresos. Aun así, ya empiezan a escucharse voces a la contra, que ven este movimiento como la primera muesca de un proceso de mierdificación.
En Estados Unidos una revista gastronomica ha resucitado de entre los muertos y ahora es una newsletter. ¿Alguien con dinero interesado en financiar el comeback de la Bravo o sucedáneos en un boletín? Podemos ser el Perfectly Imperfect español (es broma, pero si quieres no lo es!!!!!!).
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Nos leemos!!!!!! 💌
Mar








Es tan interesante que he comenzado a leer y cada párrafo me gustaba más . Gracias Mar
Interesante la fórmula de Sustrato, de hecho hace unas semanas atrás me postulé porque están buscando colaboradores, pero hasta la fecha no he recibido feedback.