La ligereza del scroll infinito
Y qué tiene que ver un media journal en todo esto.
Buenas, periodista*:
El martes moderé la primera conferencia del ciclo “Un futuro imperfecto: ser joven hoy”. Hablar con Mariang Maturana, guionista y copresentadora de La Pija y la Quinqui, y con Roger Soler-i-Martí, profesor de ciencias políticas en la UPF, sobre la precariedad fue un absoluto lujazo. Aún sigo repitiendo en mi cabeza una idea que comentó Mariang en la ponencia: «Defendemos el individualismo, pero dependemos de vivir con otra gente». Auch.
Fue al llegar a casa, mientras cenaba, cuando pensaba en la suerte que tengo de que se cuente conmigo para poder armar y moderar estos debates. Aún quedan dos fechas más, así que nos vemos en Palau Macaya (las entradas están agotadas, pero si quieres venir, escríbeme y te consigo un sitio). 🫵
Ahora sí, vamos con esta edición de Fleet Street. ¡Que la disfrutes!
*Puede que no seas periodista como tal, pero eres igualmente superbién recibido/a <3.
La ligereza del scroll infinito
Acostumbro a llamar a mi madre cuando ando. Hacia el tren, hacia el gimnasio o de camino al supermercado. El miércoles la llamé y me dijo: “Mar, Informativos Telecinco ha llegado a los 4 millones de seguidores en TikTok”. Ella me lo decía con cierto miedo, porque estamos intentando arrancar un canal de streaming de actualidad mientras otros actores copan el tablero sin saber si existe una demanda clara en España. Aunque nada de eso tenga que ver con TikTok, una hija reconoce el tono de una madre y sabía que ella estaba inquieta.
Yo me ofendí un poco, aunque no se lo hice notar: ¿acaso mi madre no se ha enterado de que llevo desde 2022 dando vueltas en clases universitarias y conferencias hablando sobre esto? Ahora ya no me llaman para charlar sobre periodismo y TikTok porque ha dejado de estar de moda. La novedad ya no está en informarse a través de la app china; es solo una herramienta más: lo saben en KLAB, el nuevo proyecto periodístico de PRISA pensado para gente joven, o los chicos de WOKE UP, un canal informativo en redes sociales que busca reapropiarse del término woke y ganar la batalla cultural a los Vito Quiles de las redes.
Mientras mi madre alucinaba, yo trataba de explicarle que no tiene tanta importancia. En un feed algorítmico, donde no escoges activamente el contenido que visualizas, que te aparezca un vídeo de la última declaración de un político en el Congreso es lo de menos. Lo curioso es que ese tipo de vídeos se entremezcla con lo más aspiracional y también con lo más esperpéntico. Si pasas el suficiente tiempo en línea, probablemente te hayas topado con un circo de los horrores moderno: Zona Gemelos.
Los chavales invitan a lo más pintoresco de la red –la flor y nata de la app– para que les llenen el perfil de contenido: monetizan los directos y se dedican a crear tramas pasadas de vueltas para continuar viviendo de internet (infidelidades, discusiones, luchas, adicciones). Es un Crónicas Marcianas en la era de TikTok. Se lucran de las flaquezas de la gente para ganarse la vida. Así, un vídeo de informativos Telecinco (o de KLAB o de WATIF) convive con un clip de La Casa de los Gemelos, donde sus invitados se tiran de los pelos o se emborrachan hasta el balbuceo.
La ligereza con la que movemos el dedo índice en la pantalla tiene que ver con cómo procesamos lo que ocurre delante de nuestras narices. ¿Cómo un vídeo de un minuto va a lograr movilizarme, si el contenido siguiente es un clip de Zona Gemelos? Es la dualidad de la que hablaba Inés Hernand hace unos meses en sus stories. ¿Cómo podemos convivir con los vídeos de la hambruna en Gaza y una imagen mostrando un bol de açaí de 8 euros? ¿Es posible dejar de vivir en la superficialidad cuando nuestros hábitos en internet promueven, precisamente, esa ligereza? ¿Por qué parece que el contenido está tejido sobre una especie de huida hacia adelante?
Esta semana charlaba con Javier García-Manglano, sociólogo y profesor de la Universidad de Navarra, para preparar la charla del martes 21 sobre el móvil como articulación exógena al cuerpo. Javier hablaba de una tecnología hiperfacilitadora que engulle cualquier proceso. Esa búsqueda de la meta frente a lo arduo del camino también se ve reflejada en nuestro consumo online: cuando me dejo algo de fondo para no estar sola con mis propios pensamientos o cuando hago scroll de un vídeo que salta de la muerte al disfrute. Esa dualidad, que transitamos a diario, es un poso que va erosionando nuestras experiencias, como el liquidillo que suelta la máquina Nespresso cuando hay que tirar las cápsulas de café. Es denso, es marrón y deja un rastro desagradable a la vista.
No puedo dejar de pensar en esto: en una manera de vivir marcada por un deglutir sin masticar, un ver sin observar, un oír sin procesar. Me pregunto, entonces, qué dice de mí mi consumo en TikTok. Esta inquietud, ni de lejos personal, tiene que ver con el último artículo que ha escrito Derek Thompson, experiodista de The Atlantic, en su newsletter. Derek apunta que todo lo que no era televisión, como META, los pódcast o incluso la IA, ha acabado convirtiéndose en un flujo constante de vídeos. Pero esa cantidad absurda de contenido tiene un peligro:
“Cuando todo se convierte en televisión, todas las formas de comunicación comienzan a adoptar los valores de la televisión: inmediatez, emoción, espectáculo, brevedad. Bajo el resplandor de un programa de noticias local o de un canal de noticias indignado, el espectador se sumerge en un mar de cortisol. Cuando todo es urgente, nada es realmente importante. La política se convierte en teatro. La ciencia se convierte en narración. Las noticias se convierten en espectáculo. El resultado, advirtió [Neil] Postman, es una sociedad que olvida cómo pensar en párrafos y aprende, en cambio, a pensar en escenas”.
Ahora procuro ser más intencional con lo que consumo. Hace poco he comenzado a utilizar una libreta como media journal, un lugar donde anotar todas las reflexiones o aprendizajes que extraigo de mis ratos en internet. Puede ser a partir de una columna de Hailey Nahman o de cualquier vídeo sobre cuántica y emociones. Es una forma, espero, de transformar ese poso en algo que me nutra, aunque lo insustancial siga manteniéndome enganchada a la pantalla.
Hay un nuevo rol en el periodismo que no conocía y nada tiene que ver con las redes sociales. (en inglés)
¿Merece la pena escribir?, se pregunta Pedro J. Lacort. Yo tengo la respuesta muy clara. (en español)
Alexa Phillips explica por qué el periodismo emprendedor va a marcar la nueva era de la creación de contenido. Algunos lo resumen como el regreso del espíritu bloguero de 2010 o como la victoria del conocimiento sobre el estilo de vida. Sea como fuere, me encanta ver a periodistas independientes siendo invitados a eventos donde hasta ahora solo tenían cabida influencers. (en inglés)
Una nueva directora en CBS News. El nombramiento de Bari Weiss no tendría mayor relevancia si no fuera porque llega tras haber fundado The Free Press, un medio independiente nacido en Substack, de línea proisraelí y antiwoke. Para que nos entendamos, Bari dejó el New York Times tras acusar al periódico de desalentar “una escritura audaz y desafiante” y de no actuar frente al bullying que, según ella, sufría por parte de sus compañeros al tener opiniones políticas diferentes. Mientras asume las riendas de la cadena, la periodista ha vendido The Free Press a Paramount, propietaria de CBS News, por 150 millones de dólares. Las reacciones no se han hecho esperar. Al tiempo que el NYT intenta desentrañar cómo una persona sin experiencia televisiva ha conseguido uno de los trabajos más importantes en el mundo de la televisión, otros lo achacan a una posible maniobra política.
¿Te comprarías unos Crocs de la creadora de Call Her Daddy? La marca de zapatos parece pensar que sí. En una colaboración con Alex Cooper, han lanzado unos Crocs de pelo de 70 dólares nombrados como el perro de la podcaster: Henry. ¿Es esto para el sector del pódcast lo que fue el bucket hat de Sally Rooney para el sector editorial? Veremos.
El mundo audiovisual está cambiando. Netflix da la bienvenida al videopódcast de la mano de Spotify mientras YouTube gana terreno a la TV. La hegemonía en el sector audiovisual se ha roto y por más que nos fijemos en los hábitos de consumo –más YouTube en el televisor– y dibujemos tendencias, aquello que conocemos probablemente cambie pronto. Si será para mejor, ya no lo sé.
Rosalía se ha tumbado en la cama de Mar Vallverdú. O dicho de otro modo: la cantante ha decidido hablar sobre su próximo álbum y su vida amorosa en el pódcast de nicho Radio Noia, de Radio Primavera Sound. Esto me lleva a pensar en la futura pijayquinquificación de Mar Vallverdú, la presentadora del programa. Me explico: si Mariang y Carlos Peguer saltaron al estrellato con la aparición de Rosalía en su pódcast, para Radio Noia este featuring podría tener un efecto similar. Solo tengo clara una cosa: mientras toda Cataluña sigue con la mandíbula desencajada, Juliana Canet se estará volviendo tarumba.
Necesitamos gatekeepers otra vez. Un pensamiento que recupero de Emily Sundberg:
El viernes por la mañana estuve en el pase de prensa de Los domingos, la última película de Alauda Ruiz de Azúa, en los cines Renoir Floridablanca. Alauda se mueve cómodamente en una línea que podría parecer muy fina entre la fe y el escepticismo. Ve a tu cine de confianza, hazme caso!!!
Gracias por llegar hasta aquí. Es siempre un placer escribirte, de verdad.
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¡Nos leemos! 💌
Mar









¡Hola, Mar! Me ha gustado mucho carta de hoy. Tienes, además, la habilidad de tocar diferentes puntos pero hacer que de alguna manera todos estén conectados. Me ha sorprendido muchísimo lo de tu “media journal” y no descarto el hacerlo también para combatir un poco esa inmediatez sin procesar de tanto contenido. Gracias por la idea 💡 ¿Alguna recomendación de cómo hacerlo? ¡Gracias! 😊
Me encanta lo que nos cuentas y tus magníficas reflexiones 💕