Fuga de talentos, migrando hacia un futuro independiente

💅🏻¿Qué sería de la periodista Carrie Bradshaw en 2021? ¿Continuaría teniendo una columna en Vogue o sería escritora en Substack?

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La que me hubiera gustado que fuera mi semana en una portada. ¿Qué me dices de la tuya?

*Puede que no seas periodista como tal, pero eres igualmente súper bien recibido/a <3.

👩🏻‍💻 El éxodo periodístico: de la gran redacción al salón de casa

¿Qué harías si te ofrecieran un contrato de 430.000$ por dedicarte full-time a escribir una newsletter en Substack durante dos años? ¿Dejarías tu trabajo actual –o uno en el medio que te chifla– por emprender de forma independiente o te quedarías donde estás?

Esa propuesta le lanzó Substack a Danny Lavery, quien se decantó por dejar su columna de consejos en la revista Slate para dedicarse a su newsletter Shatner Chatner.

Pero no es el único comunicador que ha apostado por trabajar desde casa. El periodista Charlie Warzel también se marchó de la sección de opinión del New York Times para lanzar su newsletter Galaxy Brain, y Emily Atkin dijo adiós a la redacción del The New Republic para crear Heated, una newsletter diaria sobre el cambio climático.

Charlie contaba en el primer número de su newsletter que gran parte del placer de este formato reside en la intimidad que se construye en la relación entre lector y escritor. Además, explicaba el motivo de su marcha del NYT para vivir de su propio boletín:

“Después de una década escribiendo principalmente para Internet, me siento cada vez más agotado de tener que perseguir a la audiencia o fijar cada historia en una ventana específica y perpetuamente cerrada del ciclo de noticias. (…) Los dos últimos lugares en los que trabajé eran marcas grandes y polarizadoras [BuzzFeed y NYT], lo que también significaba que una gran parte de mis lectores en una pieza determinada estaban allí porque querían usar lo que había escrito, generalmente solo el titular, como munición en una guerra cultural. Y si soy sincero, me quemó y me dejó sintiéndome triste y desalentado por el papel de los medios de comunicación.”

Quien dice Charlie, Emily o Danny, habla también de ejemplos más cercanos para el público hispanohablante como Mauricio Cabrera, de Storybaker, Charo Marcos, de Kloshletter, o Cristina Mitre, de The Beauty Mail (cuyo podcast es, por cierto, el que genera más ganancias en España). Son periodistas que decidieron emprender sus propios proyectos sin el respaldo de grandes medios y utilizando formatos bien diferentes (newsletter, vídeo o podcast).

¿Cuál es el lugar del periodismo en toda esta metamorfosis?

El éxodo periodístico es irrevocable e incluso irreversible. Y es que, la migración de periodistas a proyectos individuales es más una realidad que una tendencia.

Llegados a este punto, si la periodista Carrie Bradshaw, protagonista de la serie “Sex and The City” de HBO, viviera en el 2021, ¿dejaría su columna en la Vogue neoyorquina para convertirla en una newsletter de Substack? Es probable.

¿Qué pasaría con Kapuściński? ¿Relataría la guerra civil de Angola a través de videoblogs? ¿Sería “A sangre fría” de Truman Capote una serie de podcasts, a lo “El Rey del Cachopo”?

Si el siglo XX fue la época dorada de un periodismo donde la institución y el medio iban por delante, en el periodismo del siglo XXI priman los creadores más allá de la empresa que los ampare.

  • La educación se suma a la creator economy: Frente a las modificaciones de la industria periodística y las formas de consumir información, el programa empresarial de CUNY cambió su estrategia el año pasado para enfocarse en enseñar, acompañar y apoyar a los periodistas que pretenden convertir en sostenibles sus proyectos independientes, pequeños y de nicho.

El periodista Richard Rushfield, editor de The Ankler (“la newsletter que Hollywood ama odiar y odia amar”) definía poder dedicarse a un proyecto independiente como “un bote salvavidas para las personas que han salido del naufragio de los Old Media, o New Media”.

  • Para otros, más que un bote, son solo unos manguitos: Igual que existen historias de éxito de periodistas y creadores viviendo de sus propias iniciativas –sobre todo en Estados Unidos–, otros no pueden, no se plantean hacerlo o chocan con una sociedad no preparada para ello. Así, combinamos trabajos a jornada completa con nuestros proyectos en busca de poder aunar ambas cosas en una sola labor.

La cuestión es que la industria periodística ya no es lo que era. En España, las revistas han perdido el 60% de sus ingresos y lectores en 12 años y La Razón ha sido la última en anunciar recortes y despidos. Además, desde el 2004 al 2019, casi la mitad de los trabajos en periódicos de EEUU fueron eliminados, según un estudio de la Universidad de Carolina del Norte, y más de 30.000 periodistas han padecido una reducción de sueldo o incluso sido despedidos durante la pandemia, lo que les empujó a buscar otras formas de subsistir, como esta.

🤳🏻Plataformas y redes sociales, dos caras de una misma moneda

Las redes sociales son una gran herramienta para crear una marca personal y dar a conocer proyectos propios. Para aquellos que despegaron gracias a un blog, amasaron miles de seguidores en Instagram o Twitter, o ya contaban con un trabajo en un medio de renombre, no es complicado trasladarse a otras plataformas y continuar creando contenido, porque la horda de followers les seguirá. Yo, por ejemplo, seguiría a Manuel Jabois a cualquier parte.

Pero hay un problema: Trabajar como creador independiente no es un camino de rosas. Las mismas plataformas que albergan los proyectos de los creadores de contenidos continúan gastándoles jugarretas. Permíteme ilustrarlo con un meme:

En “Me lo monté solo como creador en Internet, gano dinero con ello pero estoy terriblemente "quemado"”, Carlos Prego de Xataka muestra el not so bright side de vivir de la creación de contenidos.

  • Concretamente en YouTube, los creadores se ven expuestos a la desmonetización de vídeos por considerar que no se ajustan a las políticas de contenidos de la plataforma o a algoritmos que deciden, a través de parámetros desconocidos, qué contenidos son más relevantes y cuáles no merecen nuestra atención.

    El youtuber Rubén González, en cuya cuenta “A toda leche” habla de hechos históricos y de actualidad en un tono didáctico, definía la situación así:

    “Esto es como si juegas al fútbol y de repente te pitan falta y cuando preguntas por qué te responden que es que ahora no puedes tocar con la pierna derecha. Sigues jugando y de repente ves a alguien que coge el balón con la mano y se va corriendo. Dices: ‘Pero bueno… ¿Qué está pasando?’ Como no sabes las reglas tienes que ver el futuro y empiezas a hacer cosas”.

Pero la aleatoriedad e incertidumbre no solo afecta a los comunicadores en esta plataforma de vídeo, sino también a aquellos que generan su contenido a través de servicios como Substack, Revue o MailChimp.


💬 ¿Qué leer?


🍝 Salseos periodísticos

🤑 Ganar miles de dólares por crear posts virales: ¿es oro todo lo que reluce?

BuzzFeed pretende compensar económicamente a los usuarios de su comunidad que creen contenidos virales como quizzes o listas en el Summer Writers’ Challenge.

Desde el 15 de junio hasta el 15 de agosto, BuzzFeed estará pagando dinero por cada post viral que creen los usuarios de su comunidad apuntados a este desafío veraniego. Las cifras rondan desde los 150$ a los 10.000$, dependiendo del número de visitas que genere el post.

El objetivo: Según contaba la directora ejecutiva de crecimiento y tendencias de BuzzFeed, Peggy Wang, y reportaba Digiday, el propósito es “conseguir nuevos y diferentes tipos de usuarios” y que la propia plantilla de entretenimiento de BuzzFeed descubra nuevas y potenciales áreas de cobertura.

“A medida que BuzzFeed crece, nuestra audiencia tiene nuevos tipos de intereses específicos”, como estrellas de Internet, influencers de TikTok o nuevos programas de televisión. “Hay más fandoms, pero no hay forma física de que BuzzFeed pueda abordar todas esas cosas”, afirmó.

Pero, un momento: La comunidad de usuarios ya lleva tiempo colaborando con BuzzFeed, aportando alrededor de 15.000 y 20.000 publicaciones al mes. De todas ellas, los editores escogen entre 25 y 30 para publicarlas en el sitio web de BuzzFeed (mientras el resto de colaboraciones permanecen ocultas). ¿Qué ganan con ello los usuarios? Puntos de Internet, trofeos virtuales e insignias.

¿Contratos? No, please. Tal y como escribía Sara Guaglione en Digiday, “emplear periodistas a tiempo completo es una inversión importante y arriesgada si el contenido que se les pide que produzcan consiste en lanzar publicaciones a la pared para ver qué se pega”.

🤖 La Inteligencia Artificial, ¿u-topía o dis-topía?

Tú escoges el prefijo

Esta semana se han dado a conocer un par de noticias relacionadas con el uso de la IA en redacciones y empresas que seguramente no te dejen indiferente:

  • Sophi, el robot galardonado favorito en varias redacciones: La IA creada por el periódico canadiense “The Globe and Mail” se encarga de la curación de contenidos –el software escoge el 99% de los artículos de la homepage– o de elegir qué reportajes irán tras el muro de pago, cuáles serán gratuitos o aquellos que se compartirán en Facebook o Twitter.

    • Otras empresas del mundo de la publicación digital también se rifan a este robot periodístico, que se unirá al programa de socios tecnológicos VIP de WordPress o integrará en ArcXP, el CMS propiedad de The Washington Post.

📰 Cómo ha cambiado el consumo de información en 10 años

Vía Miquel Pellicer.

🗞Periodismo en…


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Nos leemos pronto. 💌

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